Mascotas de la calle
By Elsa at 03/04/10 14:24
UN EXTREMO IRRACIONAL. ¿Alguna vez habían visto un animal tan feo como una paloma chica, desplumada, enferma y mojada? Seguramente no.
La historia es simple, venia yo plácidamente caminando con mi novio luego de hacer las compras semanales. Comenzó a lloviznar, pero estaba agradable igual… casi placentero acoto.
A mitad de cuadra mi vista curiosa capto un objeto extraño en un borde de la calle, y, yo, muy torpe me acerque. ¡ZAS! ¡Era el palomo!
Ahí estaba, quieto, duro, empapado.
Lo miramos un buen rato y mi criterio me indicaba que la hora de aquel animal había llegado, me disponía a irme, teniendo en cuenta los avatares de la naturaleza. En ese instante, él, no el palomo, sino mi novio, tuvo un “ataque ecologista” (que yo puedo entender en la caza de ballenas, pero acá. ¡ufa!)… En fin, y dijo con voz serena, “yo no puedo dejar una paloma indefensa en la calle… Me la llevo a tu casa y mañana en la mañana, la llevo a la mía”.
Bueno, demás está decirles que el “horrible animal”, NUNCA realizo ese traslado domiciliario.
Le dimos de comer en la boca aquella tarde, le preparamos un cajoncito con diarios y trapos emulando su nido materno y le dejamos pronta su comida en una pequeña latita.
Al día siguiente él, no el palomo no, sino mi novio, se fue y allí quedo el animal mirándome petrificado. Intentó caminar, salió a la azotea pero no pudo volar, pio varias veces y comió otro poco.
A la noche siguiente volvimos a hacer el ritual del pan con leche, pero ya no comió como el día anterior.
Amanecimos otra vez y el palomo estaba bajo mi cama, como diciendo algo, pero no sé bien que, nunca lo entendí del todo, de hecho ni sé si es palomo, pero así decidí creerlo.
Esa mañana estaba feliz, no el palomo no, sino mi novio, y créanme, hasta el día de hoy me sigo preguntado ¿por qué?, si él, juntó al animal enfermo.
A la tarde se marchó, no, mi novio no, sino el palomo, falleció sin pretensiones, yo subí las escaleras y el cuerpito yacía duro, patas arriba, en el suelo. Se fue sin un pio, y si un adiós, nunca supe si hicimos bien o mal al no dejarlo allí. Terminó sin gloria, envuelto en diarios y en la bolsa de residuos.
Esta es solo una anécdota de algo real, no pretende ser educativa ni nada similar, pero, después del hecho sigo sosteniendo que, la naturaleza es sabia y al no saber si hice más o menos felices sus últimos días, reconozco que lo mejor hubiera sido: dejarla en paz.
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Comments
Comment #1 camila at 04/28/10 12:16
tienen un buen corazon. Comment #2 respuesta todo blog at 05/15/10 08:54
es evidente que si querida camila
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